La posible prisión de Lula y las lecciones para los progresistas en los 50 años de la muerte de Martin Luther King

En los Estados Unidos, el líder del Movimiento de los Derechos Civiles de los Negros en Estados Unidos, Martin Luther King Jr., fue asesinado en su país. La fuerza de ese acontecimiento continúa revelando, tanto tiempo después, los mismos engranajes que motivaron la tragedia funcionando ininterrumpidamente.

El colapso de la economía estadounidense en 2008, ocasionado por la desregulación del mercado financiero - tras la revocación del Glass Steagal Act en la administración de Bill Clinton, en 1999 -, obligó al neoliberalismo a explicitar al mundo su impostura. El crash del mercado financiero fue suavizado, en alguna medida, siguiendo el inverso de los mandamientos que el credo liberal diseminaba por el mundo. Comenzó con el rescate trillonario realizado por el Estado de las deudas privadas y se siguió el itinerario tradicional: intervencionismo imperial en países periféricos, crisis de refugiados, ascenso del protofascismo, desempleo masivo y, increíblemente, más concentración de ingresos que antes.

Aliado a ello, la vertiente "progresista" de los neoliberales promovió, con el auxilio de una fuerte máquina de propaganda, la distorsión en torno a las causas centrales de la izquierda y su percepción en el pensamiento popular. Se creó una cortina de humo en torno al identitarismo, borrando la histórica conexión de las izquierdas en la batalla por la erradicación de la pobreza y la disminución de la desigualdad y desviando sus acciones para luchas fragmentadas y controvertidas a los ojos de buena parte de la población.

Un exponente de ese ideario neoliberal "progresista" es el partido demócrata de Estados Unidos. Históricos patrocinadores de las llamadas "causas de costumbres" que, sin duda, contribuyen al avance de la sociedad moderna, pero son popularmente polémicas, los demócratas se autodenominan progresistas, mientras apoyan todo tipo de interés de sus patrocinadores del sistema financiero y bélico.

El sistema es el mismo desde hace mucho tiempo. Progresistas en las costumbres, brutales en los intereses económicos de la élite. Fue lo que corrió con Martin Luther King Jr. Mientras su lucha giraba en torno a la justicia racial en Estados Unidos fue amenazado, golpeado, preso, logrando promover grandes avances sociales y ganando, en 1964, el premio Nobel de la Paz.
Cuando su discurso emigró a la justicia económica, criticando la desigualdad social y la máquina de ganancias de las guerras, fue colocado en el programa COINTELPRO del FBI (programa de contrainteligencia para combatir grupos subversivos) y entonces Luther King fue asesinado.

Cabe a todo progresista siempre recordarlo. Siempre.

En el mismo día del cincuentenario de la muerte de Luther King, sucede el juicio del habeas corpus que puede llevar a Luiz Inacio Lula da Silva a la prisión y la película que sigue es muy parecida: cuando está amenazada, la élite crea cortinas de humo, distorsiona las pautas y hacen cosas inenarrables para mantener sus privilegios.

Se sellan a la fuerza el fin de un ciclo, otro pronto se reanudará, pues las tragedias no se agotaron, siendo la fuente inagotable de la perpetua lucha.
 

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